Con el título LOS SANTOS DE PIEDRA nuestra querida peregrina y amiga Virginia, con su capacidad para escribir y sus dotes de observación nos da una visión acertadísima de este camino 2011. No necesita acompañarse de fotos porque con su relato estoy seguro que todo el mundo se siente transportado a esos maravillosos lugares que hemos recorrido hace apenas unos días
LOS SANTOS DE PIEDRA
Creen los peregrinos que los santos de las portadas de las iglesias del Camino de Santiago son de piedra. Y no. Parecen, pero no lo son. En el hieratismo de sus figuras, entre los pliegues de los ropajes, sus manos, aunque ellos no lo vean, van bendiciendo a los que pasan por su lado. Cuando estos aparecen andando, a veces fatigados, por algún recodo de los caminos y se topan con una iglesita, los ojos de los santos, que, ya hemos dicho, no son de piedra, los ven llegar, escudriñando hasta lo más recóndito de cada peregrino.
Dia 28 de junio. 1ª Etapa S.J. Pie de Port- Roncesvalles
En esta hermosa mañana de Julio del comienzo de la andadura por el camino francés, al pié de los Pirineos, el santo de piedra de la puerta de la gótica iglesia de la Asunción, en Sant Jean pied de Port, se ha fijado especialmente en una pareja de peregrinos. Tienen ilusión. Y como casi todo el grupo con el que van son abuelos. Ella andarina. El, por el llano va airoso. Quizá no tenga mucha costumbre, pero va. La cuesta, le cuesta. No se para. Sigue, apoyado a veces en su bastón de caminante y a veces en su mujer. Son las primeras inclinaciones y las encara con ánimo. Los verdes paisajes que se abren frente a él lo alegran. El santo de piedra de Sant Jean, sin que él lo note, le ha echado una sonrisa como diciendo “anda, sigue tu camino con ese ánimo junto a tu pacífica mujer”. Y los dos siguen unidos el grato sendero. (Juan-Ana).
Más delante de Valcarlos, va avanzando el compacto grupito. Todavía bastante entero, se han sentado un rato a la sombra de los frondosos plátanos, en la placita de la iglesia, mientras unos niños ya de vacaciones juegan a la pelota. El santo de piedra de la portada tiene el rostro medio borrado. Los fríos, las nieves de los inviernos del lugar, pié de los Pirineos, y el paso de tantísimos años, le han dejado su impronta. Como a todos los que somos de carne, al fin y al cabo. El santo se ha fijado particularmente en una mujer vivaracha. En su corazón, siente una predilección por ella, no sabe por qué. Bueno sí lo sabe. Sabe cómo se entrega a tanta causa voluntariamente, la ve faenando con ex -drogadictos, la ve buscando ayuda económica para gente débil. Y sabe de la ternura de su corazón. Reanudan el camino calle arriba ella y su marido, y el santo, desde lo alto de su cornisa, le echa un guiño, en la más extensa amplitud del término, a la buena pareja que forman. (Leve-Rafael).
La tarde se ha vuelto lluviosa y el camino, cercano al río en un principio, va ascendiendo por el bosque, tupido de hayedos, helechos y verdísima vegetación. Es muy hermoso. Y un tanto misterioso, pues la niebla lo va envolviendo todo. La subida parece no tener fin hasta coronar el alto de Ibañetas. Allí una ermita. La niebla es casi total y no deja ver los paisajes que se abren alrededor del alto. Silba el viento y llueve. Pero la imagen de la puerta de San Salvador ve pasar a retazos a los caminantes. Hay uno que va cuidando de una lenta rehala que sube despaciosa. No quiere perder de vista especialmente a una peregrina. Su peregrina. A pesar de la niebla que parece envolverlo todo, esta pareja va tan entrelazada que es imposible que ninguno de ellos se quede atrás. En ese lazo invisible que los une, de vez en cuando un ligerillo nudo que ellos mismos, con su amor deshacen en un momento. Y el santo de S. Salvador les echa una sonrisa cuando posan para una foto recordatoria, sin que se vea más allá de dos metros. No hace ni falta más visión. No son los ojos de la cara tan imprescindibles. (Trini-Fede).
Hoy en el bello paraje de Roncesvalles, al atardecer, los caminantes, distendidos, relajados, andan disfrutando del entorno y la convivencia, conociéndose más con sus charlas aquellos que se incorporaron este año. Comparten desayunos y cenas en el magnífico lugar que les aloja. Por la tarde, el grupo, como un ramillete de hojas verdes va a oír misa en la antiquísima Colegiata de Santa María, de l.200. Y para más compartir, llevan parte de la tarde ensayando a coro una salve, la rociera. Algunas estrofas las modifican para hacerlas coincidir con el santo objeto de la peregrinación. Y empeño lo tienen todo. Cuando al finalizar la misa de peregrinos, aunados con decenas de gente de procedencias y sentires diversos, japoneses, centro europeos, mejicanos, etc., nuestro sevillano grupito entona la salve, acompañada por el joven organista, la santa María, Virgen de Roncesvalles que parece de madera, desde el presbiterio lee perfectamente en el corazón de cada uno. No le pasa desapercibidos los nudos en las gargantas ni la lagrimita que enjuga una peregrina. (MAngel-Eloisa).
Día 29 de junio 2º Etapa Zubiri- Pamplona
Quizá sea ya el tercer día. Hoy es soleado. Los peregrinos en marcha de nuevo en nutrido grupo han pasado el puentecillo romano que salva el río Arga, en Zubiri. Unos chiquillos venden chucherías encima del puente. Y unos huertos preciosos se ven a la orilla del río. Los caminantes, a un ritmo unos, otros a otro, por el sombreado camino han llegado al pueblecito de Larrasoaña. Recuperan fuerzas. No sólo con su pan. Les alimenta también, –ellos lo saben- su unión, sus risas, su compartir. Están a gusto. Hoy están todos. Sentados en el pretil del puente de Los Bandidos, en la deliciosa mañana, dan una brillante nota polícroma entre tanto verde. Hay una iglesia al otro lado del puente, Y San Nicolás, que parece de piedra, desde lejos ha visto acercarse a un peregrino que, por su vestimenta, parece mimetizarse con el paisaje: chaqueta, bolsa, bastones, todo lo verde le va. Le lanza una sonrisa muy especial, con ternura, como si fuera un niño delicado. Y el santo le hace un huequecillo en su corazón –que no es de piedra- y le insufla energía y ánimo para continuar. “Ya sé de tu carga. Adelante” - parece que le dice-. (Joaquin).
30 de junio. 3º etapa. Pamplona – Puente La Reina
Los acoge la ciudad de Pamplona. Avanza el grupo unos con más energía, otros con menos. Dejan en reposo a un peregrino y eso los entristece. Por unos preciosos parajes de varios colores, azul de cielo, verdes montes lejanos y dorados sembrados de cereales, el camino, sin sombras, es largo bajo un sol fuerte. Hoy andan diseminados. Un pequeño “destacamento” corona un puerto, el del Perdón, jalonado en todo su viso por aerogeneradores. Más tarde lo hace otra avanzadilla. Entre ellos se ve una peregrina frágil, quizá la que más. Es silenciosa. Con paso lento va alcanzando sus objetivos. Su religiosidad se ve en ciertos gestos. Y también su alegría cuando, en algunas cuestas abajo se jalea por sevillanas compartiéndolas con otras peregrinas. Junto a su marido están prestando una labor de ayuda y total apoyo al grupo. Cuando siguen el ritual de dar unas vueltas al bello claustro, descalza y seguramente ensimismada, la virgen de Eunate, sentada en su trono de piedra con su Niño en brazos, les echa un guiño de complicidad. (Reme-Paco).
3 de julio. Etapa 6º. Navarrete - Najera
En estos menesteres del caminar se sabe poco de calendario. ¿Van cinco, seis días? Otra comunidad, la región de la Rioja. Se convive, se comparte camino, risas, comidas. Y la preocupación por el peregrino que no sigue. A estas alturas unos andan y otros se recuperan. Hoy es día importante. En un pequeño pueblo riojano, muy querido por dos peregrinos, el grupo va a misa, compacto y vestido de verde esperanza. A todos impacta la gran iglesia por su magnitud. Dentro un bien formado coro de voces femeninas, apoyado con órgano, envuelve a los caminantes y les ayuda a sentirse plenos. Una misa con participación donde el grupo da de sí mismo su canto, sin mucho acorde pero bien sentido. De entre todos, dos peregrinos, con toda seguridad estarán evocando vivencias y emociones que su vinculación con el lugar les trae. Ellos, de una forma totalmente desinteresada, son motor y “artesanos” para que esta peregrinación-convivencia se pueda dar; mil llamadas, concertar aquí y allá, sofocones y subidas de tensión a veces. Ellos negarán que esa entrega ha supuesto un esfuerzo. Son así. Echando un vistazo a la Virgen de Valvanera, en algún lugar de la hermosa iglesia, se ve como está asintiendo con una sonrisa. (Esther-Antonio).
Cualquier etapa
Casi todos con su pareja, pero cada uno como individuo lleva su carga encima. Tan distintos, tan iguales. Problemas de cada vida, trabajo, familia, salud. Pero esta semana dan prioridad con entusiasmo a su caminar. A ninguno da desánimo ni es impedimento el descoloque de una rodilla, un dedo amoratado, una próstata, un diente. Y cosas más serias. Hay dos peregrinos, desde la del Pilar de Zaragoza, y hasta S.Millán de la Cogolla, que les ve felices, unidos, esposados más bien. Ella canta por los caminos y recita poesía. Y aunque apenas se le note, lleva a cuestas a su niña pequeña constantemente. El no para de preguntar por la esposa si por un momento la pierde de vista. El signo es inequívoco. (Luisa-Manolo).
También por el camino andan dos que tienen conexión entre ellos, aunque a veces a distancia. El, encantado de superarse. Ella en su mundo interior casi siempre. Bucólica. Le encanta la Naturaleza. A ratos en su caminar va rogando por todos y agradeciendo. ¿A qué? ¿A quién? Ella dice que no tiene fe, que se ha vuelto agnóstica. ¿Y ella qué sabe? Ella quizá no sepa que su religiosidad tiene ahora, a su edad, otro color. Ha descubierto al hombre hace años. Trabajó por ello. Y así lo siente, cercano. Lleno de imperfecciones, abrumado a veces por las cargas. Probablemente tantos años, más de cuarenta, en el ejercicio de una profesión de total cercanía en el trato con ellos, hace que los vea como criaturitas. Y los santos que parecen de piedra, de cada iglesia por las que pasa, –las románicas las que más le gustan-, les echa un guiño y parece que le dice: “Anda, sigue, borriquilla”. De vez en cuando le da la mano a su marido y se les ve, a pasito lento, subir las cuestecitas. (Paco-Virginia).
Hay una pareja de abuelos, que ni lo parecen, que, tras la experiencia de la convivencia, se ven como indispensables. ¿Se podría haber prescindido de la manera divertida de estar con el grupo de él?, ¿de la admirable y elegante forma de ser de ella? En cuanto los tratamos nos enriquecen. Conclusión: hacían falta. La experiencia del grupo antiguo de finalizar en el Obradoiro el año pasado ha hecho ver como continuidad el camino de este año. Quizá les haya causado a ellos dos decepción no culminar su camino en Santiago. Parece ser que los santos de aquél majestuoso Pórtico de la Gloria andan mirando a ver si aparecen el año que viene…(Woudin-Abelardo).
Imprescindibles: Una pareja de peregrinos que ha hecho bajar la media de edad en el cómputo. Casi siempre, por esos caminos, han ido de avanzadilla, y era obligado que anduvieran como los mejores. Pero eso de la edad es lo de menos. Lo de más, es que son gente buena, como el pan, en la más amplia extensión de la palabra. ¿Cómo habrían sido estos días sin la capacidad de hacerle pasar al grupo unos ratos magníficos con sus divertidas facetas? Padre e hijo, una camaradería ejemplar. Un chaval que deja muy alto el pabellón. El grupo acudía a él y no defraudaba. Lo dicen los SANTOS de todos los sitios por los que hemos ido andurreando. (Santos senior-Santos junior).
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Y los santos que parecen de piedra también dicen que, a lo largo de esos ciento y poco kilómetros que han compartido estos caminantes, unas músicas, unos cánticos de los más diversos se han quedado flotando por todos los cielos que les han visto pasar: la exaltación de un equipo, unas sevillanas, esa jota de que “el Ebro guarda silencio al pasar por el Pilar”, los ojos verdes, una salve… Como un aroma, como un incienso se han quedado flotando por los pórticos de tanto lugar.
V. Camino 2.011
jueves, 21 de julio de 2011
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